Un repunte de acosos que revela fallas estructurales en el sistema educativo, familiar y social y cuyas formas más frecuentes son: la violencia física.
En las aulas mexicanas, la violencia no siempre deja marcas visibles. Las heridas más profundas a menudo se alojan en el alma: miradas que juzgan, palabras que humillan, risas que hieren. Los reportes de bullying en México aumentaron 205% de 2019 a 2024, según datos del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México.
Pero estos números no son solo estadísticas; son niñas y niños que se aíslan, que dejan de soñar, que aprenden a odiar su reflejo. Son vidas quebradas por una violencia que muchas veces pasa inadvertida o que se minimiza.
Un repunte de acosos que revela fallas estructurales en el sistema educativo, familiar y social y cuyas formas más frecuentes son: la violencia física, en 29% de los casos; la verbal en 26%; psicológica en 14%; acoso sexual en 12%; exclusión social en 6% y el ciberacoso en 11% de los afectados.
El Consejo Ciudadano referido advierte que 55% de las víctimas son mujeres adolescentes, y casi la mitad tienen entre 12 y 15 años, justo como Fátima, la adolescente de 13 años, cuya afición por el K-pop fue el blanco perfecto para sus agresores, hasta que en febrero del año pasado, tras meses de bullying físico y verbal, cayó desde el tercer piso de su escuela en Iztapalapa.
La violencia se concentra mayormente en zonas urbanas, con la Ciudad de México acumulando el 74% de los casos, especialmente en delegaciones como Iztapalapa, Gustavo A. Madero y Álvaro Obregón, aunque entidades como Puebla, Veracruz, Querétaro y Durango, también presentan altos índices.
Por su parte, el Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM), detalla que más del 58% de los casos de acoso escolar tienen origen en características físicas como la apariencia, el color de piel o el sobrepeso. De las más de 143 mil respuestas obtenidas en su Consulta para niñas, niños y adolescentes 2024, más de 30 mil señalaron la apariencia como la causa principal del acoso.
Frente a este panorama desolador, algunas organizaciones han respondido con trabajo concreto. La Fundación en Movimiento ha intensificado sus esfuerzos para prevenir el acoso escolar desde un enfoque integral. En 2023, atendieron a más de 26 mil alumnos, cinco mil 700 padres de familia y tres mil docentes en diversas regiones del país.
Uno de sus programas más innovadores es “Fuertes desde la raíz”, que aborda el bullying por características físicas, incluso temas tan específicos como la caspa, para romper el círculo de vergüenza desde la infancia. También destaca “Construyendo la Paz”, enfocado en nivel preescolar, donde se siembran valores de respeto y empatía desde los primeros años de vida.
Además, el Método FEM, desarrollado por la fundación, busca certificar a escuelas como espacios libres de acoso, promoviendo una educación emocionalmente segura, donde estudiantes, docentes y familias aprendan a gestionar sus emociones y resolver conflictos sin violencia.
El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) respalda este enfoque. En su informe “Trascender el A-B-C y el 1-2-3” (2023), subraya que las habilidades socioemocionales no son opcionales, sino esenciales para formar líderes capaces de construir comunidades más humanas y resilientes.
Estas habilidades -como la empatía, la autorregulación emocional y la resolución pacífica de conflictos- son herramientas para la vida, y deben ser parte del currículo escolar, tanto como las matemáticas o la lectura.
Es urgente una transformación educativa que incluya políticas públicas eficaces que prioricen la salud mental escolar; capacitación docente continua en habilidades socioemocionales y detección temprana del acoso; participación activa de las familias, como primeros espacios de contención emocional.
El Censo sobre bullying por apariencia física que recientemente presentó Fundación en Movimiento, revela que uno de cada cinco encuestados ha faltado a clases por haber sufrido bullying y 35% señalan que nadie los ha ayudado. Es urgente fortalecer las redes de apoyo; además de la familia, las aulas pueden y deben ser un refugio, no un campo de batalla.
}Fuente: heraldodemexico.com.mx