A lo largo de veinte años, desde 2003 hasta 2023, los valores ideológicos de la población mexicana han mutado, en gran parte impulsados por un acelerado proceso de “internetización”. Pero esta no es solo una historia de datos.
En la era de los memes virales, los reels de 15 segundos y las discusiones políticas en hilos de X, una pregunta flota en el aire digital: ¿cómo está cambiando nuestra forma de pensar sobre el mundo, la política y el futuro? Spoiler: “en el siglo XXI -nos dijo Moisés Naim desde 2013-, el poder se ha hecho más fácil de obtener, más difícil de usar y más fácil de perder.”
Hace unas semanas, Banamex presentó el estudio denominado La evolución cultural en México. Cuatro décadas de cambio de valores, 1982-2023, de Alejandro Moreno, que documenta las creencias y valores que nos caracterizan a las y los mexicanos, recogidas a través de encuestas sociales.
En el capítulo denominado El espectro ideológico en la era digital: la transformación tecnológica, la publicación revela que México ha vivido una transformación que no solo se mide en smartphones por habitante, sino en nuevas formas de entender lo que significa ser libre, igualitario y seguro.
A lo largo de veinte años, desde 2003 hasta 2023, los valores ideológicos de la población mexicana han mutado, en gran parte impulsados por un acelerado proceso de “internetización”. Pero esta no es solo una historia de datos. Es la historia de cómo generaciones -Millennials y, sobre todo, la Z- están reconfigurando el mapa de lo que creemos, defendemos y rechazamos.
En 2003, sólo el 16% de los mexicanos tenía acceso a internet. Hoy, esa cifra supera el 77%. El salto es tan brutal, que actualmente las juventudes no imaginan lo que era vivir sin telefonía celular o comprar monografías y biografías en la papelería para hacer la tarea, aunque hoy, no sólo importa quién tiene internet, sino cómo lo usa. Mientras que hace dos décadas el 68% nunca lo tocaba, en 2023 el 70% afirma usarlo todos los días. Y no solo desde la laptop de la oficina, sino desde la palma de la mano, en ese dispositivo sin el que muchos ya no sabemos vivir: el smartphone.
La Generación Z es la protagonista de este cambio. Nativos digitales desde la cuna, el 91% de ellos usa internet a diario. Esta hiperconexión ha permitido que temas antes monopolizados por élites políticas, medios tradicionales o instituciones académicas ahora se discutan -y se cuestionen- en TikTok, Reddit, o en foros anónimos. En este nuevo ecosistema, no solo se comparten ideas: se transforman.
¿Y los valores? Aquí la historia se pone más interesante. Tradicionalmente, conceptos como “libertad” e “igualdad” eran piedras angulares de las ideologías políticas. Pero en la encuesta de valores de 2023, algo llama la atención: la seguridad se impone con un peso aplastante. Cuando se pregunta a los mexicanos ¿qué prefieren? el 74% elige seguridad por encima de libertad, y el 70% sobre igualdad. ¿Conservadurismo? Tal vez. Pero sobre todo el reflejo de un país golpeado por la violencia, la corrupción y la impunidad.
Al escarbar por generación, emergen matices reveladores. Los Boomers dan más peso a la libertad. La Generación Z, en cambio, inclina la balanza hacia la igualdad. Es una generación que vive en carne propia cómo las reglas del juego están rotas: trabajar duro ya no garantiza movilidad social, y los discursos meritocráticos suenan, cada vez más, a promesas vacías.
Lo que estamos viendo no es solo una evolución ideológica, es un remix generacional. La Z es igualitaria, progresista en lo social, y profundamente escéptica ante los relatos clásicos del esfuerzo individual como camino al éxito. Esto se traduce en un mayor apoyo al papel del Estado en la economía, en una mayor empatía por los grupos vulnerables y en un rechazo creciente al discurso neoliberal.
Este giro no ocurre en un vacío. Las redes sociales amplifican, cuestionan y satirizan todo a velocidad luz. El “espectro izquierda-derecha” ya no es suficiente. Ahora se pelea (o se debate) en nuevos ejes: lo auténtico contra lo falso, lo colectivo contra lo individual, lo sustentable contra lo consumista.
La encuesta de valores mostró que las diferencias ideológicas no solo dependen del género, la educación o el nivel socioeconómico. Ahora, la mayor brecha es generacional. La generación Z no solo usa más internet, sino que lo habita. Y eso lo cambia todo.
Los algoritmos no solo recomiendan contenido: moldean formas de ver el mundo. Las plataformas digitales se han vuelto trincheras ideológicas, espacios de protesta, lugares para imaginar futuros alternativos. Y aunque parezca que todo es ruido, hay una constante: esta generación no cree que el futuro esté escrito.
Si antes la ideología se aprendía en casa, en la escuela o en la iglesia, hoy se experimenta en red. Cambia con cada hashtag, con cada filtro de Instagram, con cada podcast de tres horas o clip de 30 segundos.
La juventud no está despolitizada. Está redefiniendo lo político. Puede que no milite en partidos, pero sí en causas. No confía ciegamente en instituciones, pero sí se moviliza por la justicia social, el cambio climático o los derechos humanos.
Las respuestas que buscan y el futuro que merecen, no están en regresar al pasado, ni en idealizar el futuro. Está en entender el presente, ese que se vive entre notificaciones, algoritmos, likes… y decisiones que sí importan.
Fuente: heraldodemexico.com.mx