por Maura Arredondo | Ago 27, 2024 | De las plumas 50+1
Inmensas son las deudas de este sistema con las mujeres. Para las académicas o activistas una política social mira a las más pobres, quienes históricamente se han quedado atrás. Pero en discriminación somos muchas más.
La Ciudad de México durante décadas fue el centro político, social y económico del país, donde se construyó el espacio de trabajo y explotación económica para millones de mujeres. Cómo olvidar a las taponeras, las costureras, las dependientes en el comercio, las cigarreras del Buen Tono, obreras siempre presentes en protestas sindicales, en huelgas, demandas y negociaciones.
Aún duele la condición de las costureras revelada en 1985. Tanto como la de las telefonistas, telegrafistas, burócratas, todas determinantes para el crecimiento económico y la productividad de la capital, tanto como las emprendedoras, esa masa femenina de la informalidad. Una faena inolvidable fue la de las trabajadoras de los bancos.
Hoy estamos en el teletrabajo, las agencias de relaciones públicas, los servicios y otras, actividades feminizadas. Encima hacemos posible la buena vida en la familia y la sociedad, con tareas invisibles, no remuneradas, en la otra línea de ensamble. Como amas de casa, con dobles o triples jornadas de trabajo.
Por ello el halo de esperanza por el nombramiento de Inés González Nicolás, asignada a la Secretaría del Trabajo de la ciudad, por Clara Brugada Molina. Inés inició su carrera sindical cuando el presidente José López Portillo nacionalizó la banca en 1982. Es sindicalista de cuerpo completo y es muchos títulos, pero sobre todo tiene conocimiento. Sabemos que conoce el campo y sus entramados. Nutrida por la visión feminista, desde los años 80 contribuyó a la larga disputa por el reconocimiento a las trabajadoras por patrones y dirigentes sindicales. Participó en los grupos autónomos discutiendo desde el feminismo cómo derribar al charrismo sindical y su machismo; identificando a la violencia feminicida dentro y fuera de los espacios laborales.
Sabe el valor del diálogo al interior de los sindicatos, grandes y pequeños. Conoce los cambios en la Ley federal del trabajo; forma parte del empeño para lograr la representación paritaria en las direcciones sindicales.
Por eso el halo de esperanza. Es tiempo de mirar a las trabajadoras, más allá de la parafernalia de los “apoyos sociales”, hacer real la seguridad y la previsión social para todas. Obreras o universitarias.
Inés González Nicolás tiene experiencia nacional e internacional, dirigió la Federación Nacional de Sindicatos Humanitarios. De conducta y carácter mesurado; cree en la contratación colectiva, en el trabajo decente, en la justicia, las leyes y los convenios internacionales de la OIT.
Al lado de Inés estará otra probada feminista, Daphne Cuevas Ortiz en la Secretaría de las Mujeres, quien además de sus títulos, desde 1993 trabaja activamente en el movimiento feminista nacional y latinoamericano. Ha seguido de cerca los cambios legislativos, como Inés, tiene experiencia en el diálogo y procura la templanza estratégica. Se hizo feminista militante desde jovencita. Cree que esta es la vía para mejorar la condición de las mujeres. También tiene títulos, pero sobre todo conocimiento sobre las mujeres de la Ciudad de México, de sus derechos humanos, políticos, sexuales y reproductivos. No es dogmática.
Ambas se han distinguido en la lucha feminista y la pluralidad en la política de género. Una debe confiar en que las cosas pueden cambiar y será posible evitar que siga creciendo la confrontación y la indiferencia frente a la sociedad civil y los grupos de mujeres feministas. Ojalá y la esperanza que ahora me mueve se convierta en realidad. Veremos.
Fuente: elsoldemexico.com.mx
por Maura Arredondo | Ago 27, 2024 | De las plumas 50+1
Ante la inminente gran Reforma al Poder Judicial, la pregunta es: ¿Resolverá los problemas de injusti- cia en los Estados Unidos Mexicanos? Como ciudadana y abogada he aprendido en palabras sencillas que “en una sociedad no puede haber paz si no hay justicia”. Como en todos lados, donde hay bueno hay mejor, y donde hay malo hay peor, por simples que pudieran resultar las palabras.
Ante el planteamiento inicial de una reforma al Poder Judicial urge acudir a la simplicidad, lo que de ninguna forma quiere decir acudir a lo mal hecho. Como todo procedimiento científico, se necesita de la observación inicial, hasta llegar a las evidencias contundentes. Lo cierto es que, de las calles de la ciudad hasta el más alto tribunal, que no únicamente implica a las autoridades mexicanas, sino a las manifestaciones de organismos internacionales, las evidencias del reclamo ante la ineficiente impartición de justicia en México son un hecho inobjetable. En México hay injusticias inaceptables e inaplazables, se vaya de menos a más o de más a menos, como gusten, el resultado es el mismo desde las resoluciones de Juzgados Mixtos de Paz, Tribunales Locales, Federa- les, Suprema Corte de Justicia, Corte Interamericana de Derechos Humanos, Corte Penal Internacional, entre muchos más.
México, en materia de justicia, le queda a deber por mucho a la ciudadanía; es decir, alcanzar la paz tan anhelada se ve difícil. Es importante considerar también que tampoco se observa que los costos de reformas y propuestas hayan funcionado, y los costos
se cuentan no sólo en billones de pesos perdidos, sino en un recurso no renovable: el tiempo, basta ahondar en la reforma penal del 2008.
Aumentar el número de ministros en la Suprema Corte de Justicia era necesario, pero también es evidente que, aunque aumentó la burocracia, no arroja una impartición de justicia más eficiente. El problema de la Reforma al Poder Judicial, que ya está aquí, en el que en apariencia se está pidiendo en primera instancia la participación ciudadana, para luego pasar a todos los actores judiciales desde las y los abogados, las barras de abogados, universidades, autoridades y mil etcéteras. Se puede abordar desde muchas ópticas, lo que desde luego manifiesta buenas y malas voluntades y también pésimo tino en erróneas opiniones.
Cualquier persona con un poco de sentido común, ante una operación inminente, así fuera la más igno- rante que puedan ustedes imaginar, únicamente permitiría que la operara una o un doctor, es decir, alguien con conocimientos en medicina. Pregunto yo: ¿Para qué caer en el absurdo de preguntarle a la ciudadanía que sus jueces y magistrados se escojan por voto popular?, cuando se requiere que quienes imparten justicia, al igual que en la medicina, tengan los conocimientos para hacerlo.
Es decir, sí es cierto que hay mucho que resolver en materia de justicia en el país, pero los absurdos, la burla y la mofa, los revanchismos políticos, la búsqueda de proteccionismos, no llevarán a nadie a ningún buen puerto. Por el contrario, se llegará a una puerta conocida y peligrosísima, al “escarnio social”, que ello atiende más a las pasiones humanas que a la anhelada justicia. Nada más peligroso que abrir puertas falsas y engañosas con argumentos falaces, que no suman en nada, que los da quien detenta el poder, pero que en el caso de la justicia carece de razonamientos válidos y atasca al país entre quienes usan al Poder Judicial para revanchas políticas, al legislativo para ocurrencias y al ejecutivo se encierra en un microcosmos alejado de la realidad de la ciudadanía, quien paga costos e injusticias.
Si bien es cierto que los tres poderes en que está constituido el país (ejecutivo, legislativo y judicial) requieren de conexiones, también lo es que necesitan independencia y autonomía. A últimas fechas, esta autonomía no se observa, sino que, por el contrario, se ha pretendido politizarla, cosa delicada, puesto que impacta la estabilidad económica.
Hay problemas en el Poder Judicial sin duda, pero de ninguna manera es aceptable que éstos se exacerben y se imponga el poder en turno con experimentos que en suma disfrazan estrategias políticas que ponen en vilo la seguridad jurídica de la nación mexicana. Confunden todo espectro desde el estudiantado en Derecho, como a la abogacía en su conjunto. Recuerdo haber escuchado en el legislativo, cuando se publica alguna ley, que si no es la mejor, siempre es perfectible. Lo que aplica al caso: el Poder Judicial no es el mejor, pero es perfectible, de ahí a pretender rehacerlo hay una peligrosa diferencia.
Como abogada postulante en materia familiar, más que criticar negativamente, considero que esta disertación debe dar pauta a aportaciones de tal envergadura que permitan mejorar con opciones reales tales como:
● Se necesita replantear la ética profesional de las y los abogados a todos niveles y en todas partes, al igual que a la ciudadanía. La corrupción se da desde ambas posturas.
● Evitar la corrupción en todos niveles, desde quien fomenta el pedir dádivas u ofrecerlas por sacar copias fotostáticas. Hasta los o las Magistrados que invierten en edificios y luego los rentan al mismo Poder Judicial, es decir, impedir el conflicto de intereses.1
● Trabajar en conjunto con la sociedad, el legislativo y el judicial, para evitar la judicialización de las vidas privadas de las personas. Se ha visto saturación en ámbitos de Juzgados Familiares, que ni la mediación resuelve. Que se resuelvan desde la reconstrucción del tejido social. El judicial debe evitar la sobrerregulación del legislativo, que poco estudia el impacto judicial de reformas que son más ocurrencias que transformaciones, que redundan en mejoras de impartición de justicia.
● Evitar el acoso laboral y hostigamiento sexual, con un respeto irrestricto al principio de paridad total.
● Aplicar la ley sin distinción. Quien quebranta la ley debe ser sancionado. Sin embargo, los prime- ros que no han respetado y corrompen este principio son en muchas ocasiones las y los Jueces y Magistrados.
Es aceptable que haya nuevas visiones del país con diferentes reglas. El punto central es que, quienes llegan con nuevas reglas y ofrecen consenso, si no respetan ni los acuerdos ni sus reglas, difícilmente se llegará a un Estado de Derecho. Y termino como empecé, bajo estas circunstancias y muchas más, que a partir de hoy se plantean, vuelvo a preguntar con respecto a la gran Reforma al Poder Judicial ¿Resolverá los problemas de injusticia en los Estados Unidos Mexicanos? Indudablemente no y, así, se seguirá perdiendo un dinero que no se tiene y un tiempo que es oro, juez y verdugo. En la sociedad mexicana, urgida de paz sí, pero primero de justicia.
Fuente: librosyrevistascuej.com
por Maura Arredondo | Ago 27, 2024 | De las plumas 50+1
La palabra “mobbing” fue usada por primera vez en los años ochenta por el psicólogo alemán Heinz Leymann, definiéndola como acciones hostiles, expresadas por una o varias personas que colocan a la persona en estado de indefensión.
El mobbing o acoso laboral es un tipo de violencia que ocurre comúnmente en los centros de trabajo, en muchos casos silenciosa y normalizada.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) define el acoso laboral como una forma de acoso psicológico a través de acciones vindicativas, crueles o maliciosas para humillar o desestabilizar a un individuo o a grupos de empleados.
El Convenio sobre la Violencia y el Acoso, 2019 de la OIT reconoce el derecho de todas las personas de trabajar en espacios libres de violencia y acoso, estableciendo este último como una amenaza para la igualdad de oportunidades, por lo cual señala la importancia de una cultura de trabajo basada en el respeto mutuo y la dignidad del ser humano para prevenir este tipo de violencia.
En la actualidad México forma parte de los países que ha ratificado dicho Convenio, reconociendo la necesidad de llevar a cabo acciones para erradicarla.
De acuerdo a la Secretaría del Trabajo y Previsión Social este tipo de violencia tiene como objetivo excluir, opacar, amedrentar, dañar emocionalmente o intelectualmente, con consecuencias físicas, psicológicas y económicas.
Cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía señalan que en 2022, aproximadamente 109 mil personas que renunciaron a su trabajo fueron víctimas de algún tipo de violencia laboral, siendo la Ciudad de México una de las entidades con mayor número de casos.
La normalización del mobbing es consecuencia de diversos factores como la falta de información para los empleados y escasas o nulas acciones de prevención y detección por parte de los empleadores, provocando ambientes laborales hostiles y violentos que impactan en la productividad, pero más aún en la salud física y mental de las personas.
En muchas ocasiones el mobbing se presenta de forma silenciosa y sistémica, como por ejemplo con excesivas cargas de trabajo, o con la solicitud de labores innecesarias y por debajo de las habilidades de la persona, con una rotación de puestos inferiores para los que fueron contratados originalmente, aplicando tácticas de desestabilización y desmoralización, evaluaciones inequitativas del desempeño, humillaciones constantes, vocabulario ofensivo, hasta incluso llegar a la violencia física y sexual.
La Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación a través de la tesis 1a. CCLII/2014 (10a.) señala que el acoso laboral puede ser ejercido entre personas con la misma jerarquía; por un superior jerárquico en relación a un subalterno; y en el menor de los casos por un subalterno hacia el superior jerárquico.
La Ley Federal del Trabajo señala el hostigamiento y la prohibición de llevar a cabo, permitir o tolerar este tipo de conductas, así como la penalización para quien las cometan o permitan.
En este sentido, la aplicación de la Norma Oficial Mexicana 035 conforme a sus disposiciones, permite identificar, analizar y prevenir los factores de riesgo psicosocial y promover un entorno laboral optimo y favorable.
Es importante reconocer el extraordinario trabajo de muchos centros de atención para victimas de violencia laboral en el ámbito público y privado, lo que representa un apoyo vital para los trabajadores, sin embargo, también es necesario señalar que en muchas ocasiones estos centros de atención se convierten en una simulación presupuestaria y en muchos otros casos en lugares desde donde irónicamente se inicia y ejerce la violencia.
Sin duda, hay mucho que trabajar para implementar acciones de prevención y erradicación de la violencia laboral que daña profundamente a las personas trabajadoras y el entorno laboral.
¿Han sufrido alguna vez de mobbing o violencia laboral?
Puedes denunciar a través de la vía jurisdiccional y/o a través del Órgano Interno de Control si se trata de una institución gubernamental, así como ante las instancias defensoras de los derechos humanos que correspondan.
Fuente: parentesislegal.com
por Maura Arredondo | Ago 27, 2024 | De las plumas 50+1
En el marco del Día Internacional de las Mujeres, entre las muchas preocupaciones y temas pendientes en su agenda se encuentran la igualdad sustantiva y las garantías de seguridad social. En apariencia como muchos otros derechos, éstos parecen derechos conquistados, pero nada más falso y ficticio.
Falso por el escaso número de mujeres que acceden a estos derechos y ficticio porque, bajo ninguna circunstancia, se pueden conformar con decir que hoy hay una pensión para adultos mayores. Planteo la presente reflexión desde cinco sencillos apartados que, si bien muchos son de índole jurídico, los hechos y la observación arrojan la información real.
Es necesario y honesto hablar de tres avances en fechas recientes en la legislación, como la Reforma del 10 de junio del 2011 en materia de Derechos Humanos y no Discriminación, hablar de la 3 de 3 contra la violencia, que tiene la pretensión de dejar fuera de la esfera de la administración pública y de la materia político electoral a quienes por sentencia que cause ejecutoria y estén acusados de violencia sexual, violencia familiar o sean deudores alimentarios. Otro avance fundamental es el arquetipo en violencia política contra las mujeres en razón de género.
Avances legislativos, que no van aparejados de la igualdad de derechos al hablar de desarrollo para las mujeres de vivir libres de cualquier tipo de violencia en todas las esferas donde se mueven, sean privadas y públicas. Es común que, sin análisis alguno, se acechen desde el lenguaje cotidiano y, como si se tratara de competencias y rivalidades, se denostan frases cotidianas como “los hombres también viven violencia”. Y sí, ni siquiera se discute, el punto central es que las mujeres viven violencias y discriminación por ser mujeres, es decir, el ataque frontal es intrínseco a su condición de mujeres, lo que resulta en desigualdades, injusticias y en realidades intolerables fundadas inicialmente en prejuicios y concretadas en hechos desafortunados.
Otra reflexión es que, para lograr avanzar, se hace necesario segmentar los diferentes tipos de mujeres en virtud de las necesidades que las mismas presentan, qué avances generados han vivido, para no generar retrocesos. En estas líneas se centra la atención en aquellas mujeres que lograron ser en su momento un porcentaje importante en la matrícula educativa. Mencionando que, sin duda, la educación es el gran parteaguas, siendo uno de los motores fundamentales del desarrollo y, desde luego ha sido contundente en las metas alcanzadas por muchas mujeres y sociedades respecto de los derechos humanos de las mujeres.
Si bien, para los años cincuenta, la matrícula era muy baja, para los ochentas y noventas casi se igualó frente al número de varones, pero el retroceso en la pandemia es alarmante, por lo que esta lucha continúa. A título personal, me llama la atención sobremanera cómo México logró un avance importante en el derecho a la educación de mujeres en niveles no nada más básicos, sino en la educación media superior y en niveles universitarios. Lo que necesariamente nos debiera dar como resultado un número importante de mujeres que, en virtud de haber sido escolarizadas, pudieran haberse incorporado a la actividad laboral y, por ello, conquistar la igualdad sustantiva en sus garantías de seguridad social, pero no es así. Por el contrario, muchas de estas mujeres están enfiladas para la pobreza y la pobreza extrema si no se toman acciones que aún pueden revertir estas tendencias perversas e invisibles a los ojos de la sociedad y, tan normalizadas que se han aceptado como un simple destino y no, yo al menos no lo acepto. ONU Mujeres ha pronosticado esta pobreza desde años atrás y de ahí la importancia en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).
Esta reflexión, que de hecho pudiera considerarse una hipótesis a desarrollar, es una fractura importantísima en el desarrollo de las mujeres de todas las edades. Precisamente la segmentación de los grupos generacionales y poblacionales de las mujeres tiene un objetivo concreto: las nuevas generaciones no tienen porqué pagar los costos de la marginación en el desarrollo de las mujeres que les han antecedido, que se refleja en el número de aquellas escolarizadas, que no encontraron el desarrollo laboral y hoy carecen de garantías de seguridad social para enfrentar la vida en la madurez y de no tomarse acciones lo será en su ancianidad y con destinos desafortunados.
Un problema grave que no encuentra ni aceptación y menos entendimiento, cuando se habla de Lupita, por ejemplo, una estudiante de Universidad que, posterior a terminar sus estudios, no encontró las condiciones laborales y se las arregló poco a poco para medianamente pasarla, pero que, al llegar a la edad madura y casi por enfrentar la ancianidad, resulta que carece de cualquier garantía de seguridad social y hoy enfrenta precariedad en su diario vivir.
Los títulos universitarios, más que ser motivo de orgullo y de progreso en varias generaciones, se han vuelto en la más contundente evidencia de un Estado que ha fracasado en su compromiso para con las mujeres. Las mujeres egresadas de la universidad, que al cabo de una vida de servicio, que llegan a los 60 años en el 2024, en muchos casos no contaron con la continuidad de acceso a la educación, a la salud, a una vivienda digna y propia, con seguridad al caminar en las calles y con un hábitat que les brinde aunque sea la oportunidad de acceder a su canasta básica y a una de hortalizas que les dé sostenibilidad y autosustentación. Resulta injusto, pero muy injusto, decirles que esperen cinco años y vayan a las filas de la pensión de las y los adultos mayores, que hoy se otorga a partir de los 65 años.
Pensar en oportunidades laborales a tal edad es hablar de discriminación. La última idea es el motivo para considerar que son generaciones sometidas a serias discriminaciones tanto en lo educativo como en lo laboral. Generaciones de mujeres de las que se mofaron diciéndoles que asistieron a la Universidad mientras se casaban, generaciones que tenían que conformarse con un único proyecto de vida impuesto y, peor aún, aceptado socialmente, al grado de escucharse en las aulas universitarias que “el que una mujer ocupara un pupitre era quitarle el trabajo a un jefe de familia”. Y si una mujer no deseaba casarse, o si se casaba y se divorciaba, o si una vez casada quedaba viuda, o el esposo enfermaba, se le sometía a serias discriminaciones, de las que es claro que muchos varones no escapan, pero ése no es el tema. El divorcio regulado, aunque poco utilizado, considerado una excepción, se volvió regla y necesidad, pero no para que la mujer estuviera mejor, sino para evidenciar profesiones truncadas y la necesidad ante la violencia familiar en aumento y el feminicidio.
Hay generaciones profundamente arraigadas en dependencias familiares, mujeres que conocieron las mieles de los estudios universitarios y, al paso de los años, debieran conformarse con que, si bien les iba, un día al morir, su padre y madre o marido podrían disponer de una herencia, entendiendo que son pocas las que podrían haberse creído tal falsedad. Sin embargo, han sido dependencias arraigadas en la cultura, que necesariamente acabaron por introyectarse en lo psicoemocional, en lo familiar y en lo social. Son dependencias indignas, que dan cuenta de la “autonomía cero” para las mujeres.
Una “autonomía” o muchas “autonomías” son fundamentales para el desarrollo de las mujeres y de las niñas. Hoy es obligado decirle a las jóvenes dos cosas fundamentales: la primera es que sus títulos universitarios tienen un para qué, y la segunda es que no tienen porqué aceptar que se les hereden deudas que no les corresponden, y más cuando son de un Estado y una sociedad que permanentemente negó el desarrollo y las oportunidades a las mujeres.
Concluyo estas breves reflexiones con soluciones que pueden ser aún viables y con practicidad, encaminadas a que no se rompan los órdenes generacionales y, se les inserten a estas mujeres, o al menos a las más posibles, en los espacios que les corresponden.
- Las familias deben alentar a las mujeres en sus proyectos personales, en su salud, en los círculos sociales y deben fomentar buenos tratos, es decir, se requieren toneladas de ayuda comunitaria; buena alimentación, salud, deporte y cultura.
- Las universidades, a través de sus primeras generaciones de egresadas, pueden reactivar el talento de sus egresadas buscándolas, alentándolas, haciendo foros que promuevan y entiendan esta falla estructural del Estado y la sociedad, es decir, de la cultura.
- Las empresas aún pueden contratar a mujeres mayores de 50 años que tengan oportunidad de trabajar de 10 a 15 años para acceder a garantías de seguridad social, que eviten que caigan en pobreza y pobreza extrema. Mandar a las generaciones de las mujeres maduras y de la tercera edad a embolsar los mandados en los súper mercados es alternativa, pero es cuestionable si es la mejor o la única.
- La política pública para el desarrollo de las mujeres continúa siendo fundamental.
- El autoempleo, el emprendimiento, el acceso a créditos sociales y bancarios con tasas preferenciales son una necesidad.
Estoy segura de que si se respetan los cauces generacionales, las jóvenes tienen muchas más posibilidades de una realidad y de un futuro promisorio. Deseo igualdad de derechos, igualdad sustantiva y garantías de seguridad social para todas las mujeres, es lo justo.
Fuente: librosyrevistascuej.com
por Maura Arredondo | Ago 26, 2024 | De las plumas 50+1
Conocimos con alegría la noticia de que pronto México tendrá por primera vez una Secretaría para las Mujeres a nivel federal.
El Instituto Nacional de las Mujeres y sus homólogos en los estados representan espacios de gran importancia para propiciar, emitir, instaurar, y fortalecer los derechos de las mujeres en México. Su implementación a nivel nacional no fue nada sencilla y qué decir de nivel estatal, lo ideal y lógico es que estas instancias de atención especializada tuvieran también homólogas en todos los municipios del país.
Hoy a vientitrés años de distancia encontramos que tendremos desde el ejecutivo federal una instancia más fortalecida y dedicada a todo aquello que corresponda a las mujeres. También conocimos a quién será su primera titular, he escuchado al respecto de todo, voces a favor y voces en contra, quiero ser optimista al respecto y pensar que resulta prudente y por qué no decirlo hasta lógico, que si México por primera vez tendrá una Presidenta, serán los temas que tienen que ver con los derechos de las mujeres y sus problemáticas para hacerlos efectivos, una prioridad para la administración pública federal, de ahí qué tanto el presupuesto, cómo las exigencias a quien le encabece para lograr los objetivos por los que nace una secretaría de estado, deben ser acordes a las realidades y problemáticas y por eso los esfuerzos no deben ser menores, no debe haber simulaciones y si soluciones y resultados.
Bienvenida la Secretaría de las Mujeres mexicana, éxito a la titular, bienvenidas todas aquellas políticas públicas que centren su foco de atención en las mujeres y en todo lo que necesitamos, aquellos que aleguen discriminación respecto generar una secretaría sólo para las mujeres, deben actualizar sus conocimientos e información, porque se trata de una acción afirmativa necesaria y obligada para el estado mexicano, desafortunadamente dada por la realidad que vivimos donde la igualdad no es la constante.
Espero, que el tino que han tenido muchas de las presidentas de INMUJERES, para hacer de los grupos feministas y las asociaciones de la sociedad civil sus aliadas, sea replicado por la nueva Magistrada en Retiro, titular, porque sin desconocer las variantes en los grupos feministas, lo cierto es que todas tienen como razón de ser virtudes claras, ya que los principios de la teoría feminista en los que coinciden independientemente de las corrientes a las que pertenezcan son:
Que todas las personas valen como seres igualmente.
Que todas las formas de discriminación y opresión son igualmente humillantes.
Que la armonía y la felicidad son más importantes que la producción, el poder y la
propiedad, y
Que lo personal es político.
El reto es pasar de una buena idea a una realidad, para lograrlo no se debe desperdiciar ninguno de los avances y logros que tuvo INMUJERES, sino por el contrario fortalecerlos, lo cual solo será posible si ocurren dos constantes determinantes, la primera es que goce de un presupuesto que le permita operar dignamente y la segunda es que genere la transversalidad de la perspectiva de género en todas las políticas públicas, en los poderes públicos y en los niveles de gobierno.
Sano sería que los estados de la república repliquen tal acción, que puede darse como obligación desde una normativa constitucional o general o con la adecuada convicción, conducción y conocimiento de quien gobierne y legisle en cada entidad federativa para fortalecer el tema y las responsabilidades respecto a las deudas que las entidades tienen con las mujeres que viven en sus territorios.
Queremos cotidiano, instituciones dedicadas a las mujeres, autoridades conocedoras especializadas y decididas para protegerlas, políticas públicas claras y presupuestos que permitan hacer estas buenas ideas, realidad, eso lo queremos cotidiano.
Posdata. El mayor de los éxitos a todas las mujeres que de manera próxima iniciará funciones en los cargos para los cuales fueron electas, recuerden que en este momento administrar y legislar ameritan hacerse con perspectiva de género.
Fuente: mxnoticiero.com